Hace unas semanas GETAFE CAPITAL publicó el presente comentario mío. Podéis verlo en este enlace.

http://www.getafecapital.com/2018/04/de-master-y-gestos/

o leerlo aquí:

De master y Gestos

En los partidos de tenis por televisión se ve la imagen del público girando al unísono la cabeza de un lado a otro en función de dónde va la pelotita. Tengo la sensación de que los grandes medios de comunicación hacen que todos repitamos esos gestos nos enseñan una “pelotita” y nosotros vamos mirando aquí o allá. Me temo que muchas veces cuando ponen la pelota al Norte es que no quieren que miremos a Sur, cuando al Este es que no quieren que veas el Oeste. Nuestra atención se centra de manera continua, vertiginosa e inexorable donde alguien nos muestra la pelotita queriendo hacernos ignorar todo lo demás.

Así me lo ha parecido ver con dos episodios muy recientes: El master de Cristina Cifuentes y el gesto de Leticia quitando la mano de la reina Sofía del hombro de su hija. Todos los medios de comunicación y redes sociales han dedicado horas para su tratamiento. En el segundo caso, cientos de horas de televisión con sesudos analistas examinando el gesto de las manos.

Por supuesto que Cristina Cifuentes debería dimitir porque es evidente que ha “hecho trampas” y ha mentido descaradamente sobre la obtención de ese master. No es que ese master sea necesario para ser presidenta de la comunidad. Para ello, basta con tener la voluntad de defender a la ciudadanía apoyándose en las ideas de los compañeros y de los técnicos y de los expertos en cada tema. No hace falta que nadie sea experto en todo. Me parece bien que Cristina Cifuentes dimita o se la dimita. Pero lamento bastante que sea por el master, y no por lo fundamental, que es su acción política en la comunidad de Madrid, la acción política del Partido Popular: Corrupción, recortes en sanidad que, entre otras cosas están llevando a los hospitales al colapso, recortes en educación dejando a muchos barrios sin los recursos educativos necesarios, traspaso permanente de los recursos públicos al sector privado, incremento del desequilibrio Norte-Sur en la comunidad. Por esas cosas me gustaría que la ciudadanía retirase el apoyo a Cristina Cifuentes y al partido que la sustenta y no por el hecho del master. Una vez más, parece que tienen que ser así y me viene a la memoria que Al Capone no fue a la cárcel por las decenas de crímenes y delitos de los que fue directamente responsable, sino por defraudar al fisco.

En el caso de Leticia, los cientos de horas dedicadas a analizar ese gesto, me parece que desvían la atención de un tema fundamental: los Borbones, la monarquía española es un hecho anacrónico en el siglo XXI. La monarquía española es el resultado de una imposición de Franco bien retratada en aquella frase “Todo está atado y bien atado” y si los Borbones representan la historia de España, representan lo más negro y siniestro de la historia de España. Podemos ver algunos hitos:

El primer Borbón que alcanzó el poder fue Enrique de Borbón. Se casa en 1.572 con Margarita de Valois. Él es protestante, ella hermana del Rey de Francia es católica. Siguiendo a Enrique acuden a su boda en París más de dos mil protestantes. Tres días después de la ceremonia se desencadena la “Matanza de San Bartolomé” donde son asesinados más de diez mil hugonotes (protestantes). Ante estos crímenes, Enrique no mueve un sólo dedo por sus seguidores y se hace católico. Seis años después, el jefe de la casa Borbón regresa a su reino (Navarra) y vuelve a abrazar la religión protestante. Por diversas vicisitudes históricas, en 1.593 Enrique tiene posibilidades de ser el Rey de Francia. El único impedimento es su religión. No importa, abjura del protestantismo: PARÍS BIEN VALE UNA MISA. El resultado: Un Borbón ya es Enrique IV rey de Francia gracias a su desprecio e infidelidad hacia su religión y a sus súbditos.

El primer Borbón que ocupa el trono español lo hace de forma ilegal y por la fuerza ya que no tiene ningún derecho sobre el mismo. El posible derecho le viene de su abuela Ana, hija de Felipe III, pero que había renunciado expresamente por escrito y en dos ocasiones “a cualquier derecho de sucesión del reino de España para sí o para sus descendientes”. Condición puesta por su padre para permitir su boda con un Borbón y, precisamente, para impedir el acceso de un Borbón al trono de España. La llegada de Felipe V llega a España cuesta a España una sangrienta guerra entre los padrinos de ambos bandos: Francia contra Inglaterra y Austria. Felipe se queda con el trono mediante el tratado de Utrecht pero España pierde, entre otros territorios, Milán, Nápoles, Cerdeña, Países Bajos, Menorca (luego recuperada) y Gibraltar (“el Peñón Español” es uno de los costes de asentar a los Borbones)

Un ejemplo de la rapiña de los Borbones y, no es de los peores lo tenemos en Carlos IV y su hijo Fernando VII. Fernando conspira con un grupo de nobles para deponer a su padre. Enterados los reyes de la conspiración encarcelan a Fernando. La propia reina, pide su muerte. No obstante Fernando solicita el perdón prometiendo que jamás volverá a hacerlo y delatando a sus amigos. Y como era de esperar incumple su palabra. Conspira nuevamente y en Marzo de 1.808, el Motín de Aranjuez tiene éxito. Carlos abdica y huye a Francia. Una vez en Bayona, Carlos IV escribe a Napoleón pidiéndole ayuda. Este llama a Bayona a Fernando para solucionar la situación. Padre e hijo no logran ponerse de acuerdo. Se producen violentas discusiones. Al final Fernando renuncia y Carlos pone la corona a disposición de Napoleón. Este convoca Cortes y se redacta el famoso Estatuto de Bayona por el cual se hace una constitución muy avanzada para la época que pone a la cabeza del Estado al hermano de Napoleón, José I. Tanto Carlos como Fernando no dudan en escribir proclamas llamando al pueblo a reconocer al nuevo monarca. Sin embargo, el pueblo español se había ya levantado contra las tropas francesas. En Cádiz, otras Cortes redactan otra Constitución que recoge los avances de la “francesa” pero que proclama a Fernando como rey. Fernando y su padre continúan escribiendo felicitaciones a Napoleón cada vez que sus tropas obtienen victorias sobre las españolas.

A pesar de que ni Carlos ni Fernando han hecho nada por su pueblo, este lucha por devolver la autoridad a un Rey “español”. Fernando VII se convierte en “El Deseado”. Duraría poco. Nada más pisar suelo español deroga la Constitución que le ha devuelto a España y realiza una tremenda represión contra todos sus redactores o defensores (7.000 ejecuciones y más de veinte mil deportaciones). Será sin duda uno de los reyes más odiados. En 1.820 ante una ofensiva constitucionalista no duda en jurar (otra vez) la Constitución y prometerle fidelidad: “Marchemos francamente y yo el primero, por la senda constitucional”. Nueva traición. Dos años después pide ayuda a Francia que envía un ejército (los Cien Mil hijos de San Luis) que invaden España y derogan la Constitución.

Operaciones similares se dan hasta el último Borbón natural, Alfonso XIII que huye de España (aunque su vida nunca peligró) tras el triunfo electoral de la izquierda en 1.931.

Sin ser heredero natural de la corona, Juan Carlos I pasa por encima del derecho de su padre Don Juan, jura lealtad a “Los Principios Fundamentales del Movimiento” y el resto ya es, en parte, conocido.

Ese es nuestro problema, mientras analizamos el juego de manos palaciego, nos olvidamos que el auténtico debate y la auténtica tarea es ver cómo recuperamos en España la democracia plena, cómo recuperamos en España un régimen republicano. Que no es el del 36, que debe ser el del 2019 el 2020 o el 2030. Un régimen en el que recuperemos el derecho de toda la ciudadanía a ser presidente de nuestra nación y el derecho a su elección.

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