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Breve reseña histórica de los Borbones

En este mes de abril los republicanos volvemos a recordar la necesidad de un profundo cambio constitucional que nos lleve a una república federal de carácter más social y que resuelva la cuestión plurinacional del estado.

Sin embargo, se mantiene la evidencia, nos guste o no, del apoyo que la Monarquía tiene entre la mayoría de la población. ¿Cuáles son los méritos de la Casa Real para contar con ese mayoritario y ciego apoyo?.

En mi opinión, los medios de comunicación han sido los instrumentos a través de los cuales se ha logrado insertar en una gran parte de la población ese “chip” que responde tan positivamente sobre la regia familia.

Un mínimo análisis histórico demuestra que la república siempre ha sido un estadio superior a la monarquía. Los pueblos, sobre todo en Europa, fueron evolucionando – avanzando- desmontando las monarquías más o menos absolutistas, y sustituyéndolas por repúblicas.

No es que la república en sí sea garantía de nada: Robespierre cometió crímenes en nombre de la pureza republicana, Cromwel, el primer republicano inglés, pasó a cuchillo a un tercio de la población de Irlanda por no “comulgar” con su religión. Y, la república alemana no fue capaz de cortar los desmanes y crímenes nazis antes y después de su llegada al poder.

Lo que cualifica el nivel de desarrollo humano de un país no se mide, por la forma de jefatura del estado, sino y principalmente, por el nivel de participación e incidencia de los ciudadanos en la causa pública. Sin embargo, es evidente que un régimen donde pueda elegirse periódicamente la Presidencia del Estado será mejor que donde esta venga determinada por el derecho de herencia de una familia o casta y, por lo tanto, independiente de su actitud, capacidad, etc…

En la actualidad, amén de lo fotogénica que pueda aparecer la familia real ¿cuál es el mérito de los borbones?. ¿Cuál fue el papel de Juan Carlos I el 23.F?. Los especialistas entienden que Armada no se hubiese embarcado en la aventura, si hubiera tenido plena certeza en la vocación democrática del Rey. ¿Estuvo, Juan Carlos midiendo fuerzas hasta su aparición pública?. ¿Cuáles han sido las razones de su abdicación? ¿ha estado implicado en operaciones de ventas de armas o tráfico de influencias?. Las pocas intervenciones públicas de Felipe VI han puesto en evidencia que sus discursos los “redacta la misma mano” intolerante y vacía de contenido social.

Uno de los argumentos favoritos de los monárquicos es que la institución representa o encarna la tradición o la historia de España. Si es así desde luego lo es de su parte más negra. Para representar a la historia de España ¿no sería mejor algún descendiente de Daoiz, Velarde, Argüelles, Mariana Pineda, Agustina Zaragoza, de Cajal o Marañón?.

Repasemos alguno de los hitos históricos de la real dinastía. El primer Borbón que alcanzó el poder fue Enrique IV de Francia. Se casa en 1.572 con Margarita de Valois. Él es protestante, ella hermana del Rey de Francia es católica. Siguiendo a Enrique acuden a su boda en París más de dos mil protestante. Tres días después de la ceremonia se desencadena la “Noche de San Bartolomé” donde son pasados a cuchillo entre mil y dos mil hugonotes (protestantes). En el resto de Francia serian asesinados más de diez mil. Ante estos crímenes, Enrique no mueve un sólo dedo por sus seguidores. Ellos mueren. Él se pasa al catolicismo. Seis años después, el jefe de la casa Borbón regresa a su reino y vuelve a abrazar la religión protestante.

Por diversas vicisitudes históricas, en 1.593 Enrique tiene posibilidades de ser el Rey de Francia. El único impedimento es su religión. No importa, abjura del protestantismo: PARÍS BIEN VALE UNA MISA frase atribuida al mismo aunque parece que realmente es el consejo de su ministro Sully. El resultado: Un Borbón ya es Rey gracias a su absoluto desprecio e infidelidad hacia su religión y la de sus súbditos.

El primer Borbón que ocupa el trono español lo hace de forma ilegal y por la fuerza. Una pequeña reflexión: Se quieren presentar las monarquías como legítimas en sí mismas. Con sus estrictas reglas de sucesión. No es así. Muchos monarcas lo son, en realidad, como instrumentos de poderes superiores a sí mismos. Juan Carlos I, sin ir más lejos, es fruto del poder de Franco y no de una legitimidad dinástica. Es curioso como en ocasiones se manipula la historia para poder revestir de legalidad histórica lo que no la tiene. A este respecto, recuerdo como

cuando cayó el Sha de Persia y para defender su imagen frente a los “revolucionarios de Jomeini”, se proclamó la larga tradición de la monarquía. El Reza Pahlevi casi aparecía como descendiente directo de Ciro II o Darío El Grande. En realidad su padre era un Jefe Militar que había llegado al poder mediante un golpe de estado en 1.925.

El primer Borbón que alcanza el trono en España no tiene ningún derecho sobre el mismo. El posible derecho le viene de su abuela Ana, hija de Felipe III, pero que había renunciado expresamente por escrito y en dos ocasiones “a cualquier derecho de sucesión del reino de España para sí o para sus descendientes”. Condición puesta por su padre para permitir su boda con un Borbón y, precisamente, para impedir el acceso de un Borbón al trono de España.

Felipe V llega a España a pesar de los derechos del Archiduque Carlos de Austria, gracias al apoyo de su tío, el Rey del Francia, la potencia más poderosa de entonces. La llegada al trono de Felipe cuesta a España una sangrienta guerra entre los padrinos de ambos bandos: Francia contra Inglaterra y Austria. Felipe se queda con el trono mediante el tratado de Utrecht pero España pierde, entre otros territorios, Milán, Nápoles, Cerdeña, Países Bajos, Menorca (luego recuperada) y Gibraltar (“el Peñón Español” es uno de los costes de asentar a los Borbones)

En la mayoría de las monarquías han sido muy habitual las conspiraciones entre hermanos o hijos y padres. Todo vale para hacerse con el trono: Envenenamientos, accidentes provocados, calumnias, etc. Los hijos e hijas y los hermanos son moneda de cambio y prenda para obtener nuevas posesiones o derechos sucesorios. No hay límite de edad para las bodas de interés. Niños de diez o doce años contraen matrimonio a instancia de sus padres o hermanos. Un ejemplo de la rapiña de estos comportamientos y, no es de los peores lo tenemos en los Borbones Carlos IV y su hijo Fernando VII.

Carlos IV contrae matrimonio con María Luisa de Parma. La dama en cuestión no dudará en tener diversos amantes (práctica por otra parte muy habitual entre todos los miembros de las cortes europeas, donde la rigidez de la religión sobre el pueblo no impide que los poderosos hagan públicas sus aventuras amorosas e, incluso, el reconocimiento de sus vástagos). El más famoso de sus amantes es Godoy que debió gustar tanto a María Luisa que en poco tiempo pasó de simple guardia de corps al hombre más influyente del reino, convirtiéndose en un primer ministro plenipotenciario.

Aunque sin duda no es cierto, hay historiadores que consideran la rama borbónica española extinguida en Carlos IV ya que se cree que sus herederos en realidad son hijos de Godoy. Goya lo ha retratado perfectamente en su cuadro “La familia de Carlos IV” conocido como el parecido maldito ya que pinta a los dos descendientes del rey con los mismos rasgos de Godoy

Esta situación reforzada sin duda por los evidentes fracasos políticos y militares de Godoy, hace que un grupo de nobles conspire con el hijo del Rey, el príncipe Fernando. Enterados los reyes de la conspiración encarcelan a Fernando. La propia reina, pide su muerte. No obstante Fernando solicita el perdón prometiendo que jamás volverá a hacerlo y delatando a sus amigos. Y como era de esperar incumple su palabra. Conspira esta vez mejor de tal forma que, en Marzo de 1.808, el Motín de Aranjuez tiene éxito. Carlos abdica y huye a Francia acompañado de Godoy.

Una vez en Bayona, Carlos IV escribe a Napoleón pidiéndole ayuda. Le expresa que ha abdicado presionado por el miedo (lo cual sin duda es cierto) y le pide su ayuda para recuperar su trono. Napoleón se frota las manos ya que ve la posibilidad de “sacar tajada”. Sus tropas ya están por España (desde 1.807) camino de Portugal.

Llama a Bayona a Fernando para solucionar la situación. Padre e hijo no logran ponerse de acuerdo. Se producen violentas discusiones. Al final Fernando renuncia y Carlos pone la corona a disposición de Napoleón. Este convoca Cortes y se redacta el famoso Estatuto de Bayona por el cual se hace una constitución muy avanzada para la época que pone a la cabeza del Estado al hermano de Napoleón, José I. Tanto Carlos como Fernando no dudan en escribir proclamas llamando al pueblo a reconocer al nuevo monarca. Sin embargo, el pueblo español se había ya levantado contra las tropas francesas. En Cádiz otras Cortes redactan otra Constitución que recoge los avances de la “francesa” pero que proclama a Fernando como rey.

Fernando y su padre continúan escribiendo felicitaciones a Napoleón cada vez que sus tropas obtienen victorias sobre las españolas.

A pesar de que ni Carlos ni Fernando han hecho nada por su pueblo (todo lo contrario), este lucha por devolver la autoridad a un Rey “español”. Fernando VII se convierte en “El Deseado”. Duraría poco. Nada más pisar suelo español deroga la Constitución que le ha devuelto a España y realiza una tremenda represión contra todos sus redactores o defensores (7.000 ejecuciones y más de veinte mil deportaciones). Será sin duda uno de los reyes más odiados.

En 1.820 ante una ofensiva constitucionalista no duda en jurar (otra vez) la Constitución y prometerle fidelidad: “Marchemos francamente y yo el primero, por la senda constitucional”. Nueva traición. Dos años después pide ayuda a Francia que envía un ejército de 130.000 soldados (los Cien Mil hijos de San Luis) que invaden España y derogan la Constitución.

Operaciones similares se dan hasta el último Borbón natural, Alfonso XIII que huye de España (aunque su vida nunca peligró) tras el triunfo electoral de la izquierda en 1.931.

Sin ser heredero natural de la corona, Juan Carlos I pasa por encima del derecho de su padre Don Juan, jura lealtad a “Los Principios Fundamentales del Movimiento” y el resto ya es, en parte, conocido.

Tanto en España como en Suecia, Holanda, Inglaterra, etc. las figuras de las monarquías son vestigios de una especie de pacto entre lo nuevo y lo viejo, entre las burguesías conservadoras y las liberales y más progresistas. Una especie de eslabón entre el pasado y las nuevas formas de Gobierno. En ocasiones los monarcas fueron repuestos tras periodos republicanos, ante la propia incompetencia de los gobiernos para atender los problemas de las clases populares. Tras diversos desórdenes públicos, los monarcas aparecían como los posibles “salvadores” de la situación, como si su sola presencia fuese generadora de bienestar, empleo o salud.

La manipulación informativa lleva incluso a que se tilde a quien defiende la republica como retrogrado, cavernario, “vivir anclado en el pasado”, como si anhelar un estado republicano fuese desear volver a 1.931. Defender la republica sólo está bien visto cuando se hace desde el “ensayo”. Cebrián (alto cargo del grupo mediático Prisa) y Felipe Gonzalez en su libro de “Conversaciones políticas” defienden la república, pero en la práctica, tanto el grupo Prisa como la acción del Gobierno de Felipe González no hicieron una sola acción que ayudase a ese objetivo. Más bien al contrario, no se pierde oportunidad (o se inventa) para ensalzar a la “Real Familia”. Hoy, sin duda contra el sentimiento de la mayoría de los socialistas, los dirigentes del PSOE proclaman su lealtad al pacto constitucional, no voy a entrar en sus razones, porque no es objeto de este comentario y porque creo que tenemos que tender redes republicanas en/con todos los sectores, y los militantes del PSOE son imprescindibles en la defensa de la república.

La historia no da marcha atrás. La flecha del tiempo tiene un sentido y la república no sólo está en pasado, es todo el futuro.

José V. Ramírez Castanedo

Madrid Abril 2.018

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