NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE… También en el mundo de la ciencia.

He leído con agrado el artículo: TÓPICOS Y ESTEREOTIPOS SOBRE LOS CIENTÍFICOS EN EL CINE de Jordi Bozzo Mulet (Lo reproduzco al final). Concuerdo básicamente con el mismo, pero quisiera añadir algún comentario y matizar alguna idea. El Dr. Bozoo combate la impresión que desde el cine se da del mundo de los científicos como personas que trabajan solos, en ocasiones su trabajo es ridiculizado, y otros estereotipos y caracterizaciones erróneas que se ofrecen en las películas (habría que apostillar de “ciencia ficción” lo que ya en parte les exime del rigor). Frente a esas visiones se proclama un colectivo de cooperación, trabajo en equipo, etc. Y este aspecto idílico es el que quisiera matizar. A través de la historia de la ciencia hemos visto científicos que han trabajado en solitario (a veces con la oposición de sus colegas) y que, como en el caso de Mandel, solo se les reconocieron sus meritos después de su muerte. Esa imagen se da incluso dentro del mundo de la ciencia, generalmente los premios se conceden con carácter personal y no a equipos de trabajo, universidades, etc. El premio Nóbel es la mejor prueba de ello, al final lo que queda es quien (máximo una o dos personas) lo obtiene cada año.

Acerca de la cooperación entre los científicos también es más que discutible. En ocasiones se produce de forma indirecta. James Watson lo relata muy bien en “La doble hélice”: Varios equipos y desde distintas disciplinas están buscando la estructura del ADN. Es una auténtica carrera. El premio será el Nóbel. Incluso Watson cuenta la anécdota de que cuando él y Crick reciben noticias de que Pauling desde EEUU ha publicado ya la solución, sufren una gran decepción pero cuando leen el trabajo y verifican que contiene diversos errores, su actitud es no difundirlos sino “ponerse a trabajar en su proyecto para ganar tiempo hasta que Pauling descubra su error”. Watson y Crick deben muchos de sus avances a los trabajos de Rosalind Franklin pero ésta se fue a la tumba sin haber recibido jamás unas palabras públicas o privadas de reconocimiento por parte de los premiados.

Kung en su ensayo sobre las revoluciones científicas describe muy bien los casos donde los nuevos paradigmas son rechazados en ocasiones por científicos pues significan el cuestionamiento de los suyos. El propio Einstein nunca quiso aceptar las teorías cuánticas de Bohr y Max Planck porque alteraban sus propios enunciados.

El Dr. Bozoo menciona en su artículo que un impedimento a la colaboración científica viene dado por los intereses económicos. Yo creo que no hace el énfasis suficiente. Una parte muy importante de la investigación actual se realiza por empresas privadas cuyo objetivo es el beneficio y por ello sus avances y errores son guardados con un celo especial. Los científicos que participan en sus proyectos se ven obligados a firmar duras cláusulas de confidencialidad (en ocasiones de por vida) sobre las investigaciones en las que participan. En este contexto la colaboración entre científicos se presenta difícil. Permítaseme una anécdota banal: Fernando Alonso que ahora está de moda, presentaba en TV las instalaciones del centro de investigación de RENAULT, tras recorrer diversas dependencias, señalando una puerta dice “Aquí no podemos entrar, detrás están los científicos e ingenieros probando los nuevos modelos y materiales. Aquí… no me dejan entrar ni a mi”. Otro de los muchos aspectos negativos derivados del carácter mercantil de la investigación científica es, por ejemplo, que la industria farmacéutica centra sus esfuerzos en las enfermedades de los “ricos” dejando a un lado las mas mortíferas que azotan las zonas pobres del planeta: malaria, tifus, tuberculosis, etc. El propio SIDA que ya era endémico en África sólo se investigó cuando hizo su aparición en la sociedad opulenta.

En el artículo objeto de este comentario, se evalúa acertadamente la película “Parque Jurasico”. Tuve la suerte de leer el libro cuando el film no era ni siquiera un proyecto. La película no refleja en absoluto el espíritu o fondo del libro. Un científico (el protagonista) expresa al creador del parque su desconfianza acerca de que todo pueda estar controlado, que siempre hay factores que pueden no estar evaluados suficientemente y que a la postre se muestran como determinantes. Expresa su preocupación porque se ponen en manos del hombre armas para las que no esta “entrenado” a usar. “¿Cree usted, por lo tanto, que la Tierra corre peligro?”, le preguntan y responde: “No, no sea pretencioso, la Tierra no, pero la humanidad sí”.

La teoría eugenética se mantuvo por científicos casi hasta la mitad del siglo pasado. Costó la esterilización de miles de personas para que no transmitiesen su miseria, vicios o maldades. Eminentes científicos dieron soporte a las ideas racistas de Hitler. Científicos y no charlatanes buscadores de OVNIS, construyen armas atómicas o diseñan las bacteriológicas. A pesar de todo lo anterior, sostengo que sólo el pensamiento racional y científico ha permitido el avance social desde las grutas de Atapuerca a los hospitales donde se cura a enfermos sin mirarles el carnet.

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