Pasar de la política…

Ayer estuve hablando con una persona que no votaba a LLamazares por que es muy bajito. Zapatero le parece muy simple y con poco entusiasmo. ¿Como va a votar a un líder tan poco carismático?. “Tu eres mas de derecha que Aznar” (le digo yo). No, no yo de política no sé… ni quiero, no me va. Y lo dice como quien habla de baloncesto o tenis. Pero sobre todo, lo dice con sinceridad. Le quise hacer ver que entre unos políticos y otros, hay diferencias distintas a la estatura, el corte del traje, etc. y más importante que las diferencias entre los políticos son las diferencias entre las políticas.

También el dije que dejara tiempo para otras cosas que no ver Telenovelas, Torrente o “Donde estas corazón”.

“Oye que a mi no me gustan las telenovelas, ni Torrente, ni sé que es lo del Corazón .. bueno sí sé lo que es, pero no lo veo”. Es importante esta acotación. Pues sería un error pensar que las personas que pasan de la política son unos incultos/as embrutecidos que sólo ven telebasura.

Pueden ser personas cultas, sensibles y solidarias. En mi opinión tienen un mal planteamiento. La política no es como el fútbol, los toros o la música clásica que uno dice no me gusta y ya está. No te gustará pero afecta fundamentalmente a cada momento de nuestra vida. Las decisiones que toman los políticos afectan a las relaciones laborales, afecta a la salud, a las pensiones, a los recursos para la educación y a los contenidos de la misma. Las decisiones políticas afectan incluso a aspectos de nuestra vida personal y si no que se lo digan a los miles de divorciados, o a los homosexuales que han decidido contraer matrimonio. Por lo tanto decir eso no me interesa es arto irresponsable (se tenga cultura o no). Es como si firmamos un préstamo en el banco sin preguntar cuanto vamos a pagar de intereses, los plazos u otras condiciones. No firmamos una hipoteca basándonos en el logotipo del banco ni en la estatura del director o directora de la agencia. No nos gusta el mundo financiero y sin embargo no hacemos esas cosas. ¿Por que lo hacemos con la política cuando es mas importante?.

Otra cosa es que la gente se aleje de la política entre otras causas inducidos por unos medios de comunicación interesados en que la política sea sólo cuestión de unos pocos (a los que puede seducir y controlar).

El desprestigiar a los políticos parece el primer deporte nacional por delante del fútbol. Se puede recurrir a todo y en los sitios más inusitados. Voy a poner un pequeño ejemplo. hace unos días compre un libro sobre Comunicación persuasiva. En su primer capitulo puede leerse:

“De todos modos, dado que es el primer entrenamiento en comunicación persuasiva, planteamos una situación donde el sinvergüenza cae simpático. Así le será más fácil resolverlo. Para estudiar a los sinvergüenzas antipáticos y experimentar otro tipo de situaciones desagradables, dedíquese a la política.”

Bien, el resto del libro es un compendio de técnicas para engañar, humillar, trepar sobre los compañeros de la empresa, robar ideas ajenas, etc …. es decir, todo muy honesto, digno y “simpático”. Eso sí, para lo demás dedíquese a la política. Bien es verdad que viendo a muchos de nuestros políticos, sus debates sus expresiones, muchos ciudadanos piensen “yo no tengo que ver nada con eso..”.

Michael Foucault lo expresa mucho mejor en respuesta a una pregunta en un debate:

Pregunta: Quisiera preguntarle al señor Foucault por qué le interesa tanto la política, ya que me dijo que le interesa de hecho mucho más que la filosofía.

FOUCAULT: En realidad, la filosofía nunca me importó, pero ése no es un problema. Su pregunta es: ¿por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.

De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa; sólo podría responder mediante la pregunta respecto de cómo podría no interesarme.

Pregunta: Está obligado a estar interesado, ¿no es así?

FOUCAULT: Sí, al menos no encuentro nada extraño que sea digno de una pregunta o de una respuesta. No estar interesado por la política es lo que constituye un problema. De modo que, en lugar de preguntarme a mí, debería preguntarle a alguien que no esté interesado por la política y entonces su pregunta tendría un fundamento sólido, y usted tendría todo el derecho de gritar enfurecido “Por qué no te interesa la política?”

José Valentín Ramírez

Getafe

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