12-12-2.005

Una reciente encuesta a nivel mundial ha vuelto a poner en evidencia algo que ya sabemos: los ciudadanos creen que los partidos políticos son la institución más corrupta de la sociedad. Esto es un fenómeno mundial que afecta tanto a países del tercer mundo como a EE.UU. o los estados de la Unión Europea (España incluida). Es cierto que este tipo de encuestas es fácilmente manipulable y que este estado de ánimo conviene a los intereses mas reaccionarios. Los mismos medios de comunicación que durante cuatro años no ahorran esfuerzos en mostrar la corrupción de los partidos, tanto en el poder como en la oposición, llegado el momento de las elecciones, tomaran partido por uno u otro grupo negando cualquier posibilidad de cambio o alternativa al sistema.

De esta forma los partidos se convierten en rehenes de los medios y de sus propia corrupción. Con este modelo los grandes poderes económicos se frotan las manos pues la disputa política siempre será un circulo vicioso de alternancia en el poder de partidos que discreparán en lo superfluo o marginal pero que no cuestionaran la política económica neoliberal, sino que competirán en ver quien sirve mejor a los poderosos. Así, cuando en campaña electoral los partidos anuncian que bajaran los impuestos lo harán pero para los mas poderosos, cuando dicen que se hará un esfuerzo por el empleo, tomaran medidas para que los empleados les salgan mas barato a las empresas.

Tras el ruido del enfrentamiento entre las leyes de educación, el Estatuto o las “discrepancias” de la lucha antiterrorista, llegan las nueces y lo que realmente van a recibir los ciudadanos del PSOE es una bajada de impuestos generalizada para las empresas. Mas de 5 puntos para las grandes empresas y hasta 10 para las pymes según lo anunciado por Zapatero. Por si fuera poco, se anuncia una reforma laboral donde se dará otra vuelta de tuerca abaratando los despidos y aumentando la precariedad laboral. Así, con la disculpa de la competencia de los países del tercer mundo, la banca, el comercio (El Corte Ingles) y otros negocios que, año tras año presumen de escandalosos incrementos de los beneficios, serán los únicos beneficiarios de las reducciones de impuestos y el abaratamiento de los costes laborales.

Con estas actuaciones los trabajadores perciben que al final, gobierne quien gobierne, las cosas no mejoran: precariedad, desempleo, empeoramiento de la sanidad, de la educación, aumento del miedo por la inseguridad ciudadana, etc. Y la contrapartida: corrupción generalizada de los partidos políticos a los que los medios dejan llegar al parlamento. Podemos decir que no es que el poder corrompa, parece que para llegar al poder hay que estar ya en la honda de la corrupción o ser claramente corruptible. Por ejemplo: los analistas políticos que conocen la realidad de Brasil coinciden en que el partido de Lula no se ha corrompido tras el acceso de Lula a la presidencia, sino que ya ha llegado al poder tras demostrar que era capaz de dejar de lado las políticas y las practicas de izquierda, y que, en definitiva, ya estaba “preparado” para hacer una “política en sintonía con los tiempos”.

Urge romper este círculo vicioso. Pero no sabemos quien le pondrá el cascabel al gato. Ni siquiera sabemos ahora si es bueno poner un cascabel al gato. Todo está por repensar.

José Valentín Ramírez

Getafe

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