El ayuntamiento de Barcelona ha quitado el busto del rey del salón de plenos. Lógicamente todos los medios de la caverna han bramado contra esta medida. Así, esa noticia es más importante que la constatación (¡más aún!) del alto nivel de corrupción del partido que gobierna.

Parece que la crisis institucional, ética y económica por la que atraviesa España es consecuencia de la retirada del busto del rey y no de las tropelías que ha hecho el Partido Popular y/o el neoliberalismo. Ya contaba con que los medios masivos de este país manipulan este hecho, o la retirada de las subvenciones a los toros o gestos similares. El problema para mí, es ver cómo la critica procede también desde sectores progresistas bajo la idea de que esos hechos simbólicos no sirven para nada, que en este momento, el problema no es entre república y monarquía, o criticando que esos gestos o similares lo que provocan es el desgaste/descrédito de quienes los realizan.

Creo que este punto de vista es absolutamente erróneo. Cuando un ayuntamiento o comunidad retira la subvención a los toros, cuando un ayuntamiento prohíbe que en su territorio trabajen circos donde se maltrata a los animales, no está haciendo un acto de cara a la galería. No está haciendo ninguna anormalidad. Todo lo contrario. En el siglo en que estamos precisamente la defensa de los animales es un signo de una sociedad avanzada, humanizada y generosa con su entorno. El estado en que vivimos quiere (y muchas veces consigue) “vender” la brutalidad y la injusticia como “lo normal”… lo tradicional… Pero lo anormal es el toro de Tordesillas.

Brutalidad es provocar una sangrienta guerra civil, y someter a la ciudadanía a 50 años de dictadura y sembrar las cunetas de muertos. Ahora quieren hacer que sea “anormal” quitar el busto del rey o querer recuperar los cadáveres de las cuentas. Sin embargo mucha gente progresista dice que no es el momento de hablar de monarquía y república, que se momento de hablar de empleo y sanidad… y es verdad. Pero también es verdad que hay que dar pasos en el avance social, en desmontar, la “normalidad” de la brutalidad. Cuando un ayuntamiento hace gestos como prohibir los circos con maltrato animal o no subvencionar las corridas de toros, como si fueran un bien cultural, no está perjudicando a sus ciudadanos, no está retrayendo recursos de las arcas municipales. Está haciendo actos de que tienen que ver con la solidaridad, con la modernidad y la justicia. Evidentemente que gobiernos progresistas en los ayuntamientos se legitiman parando desahucios, generando empleo, ayudando a los vecinos sin ingresos, gestionando de forma eficaz y austera la cosa común. Pero también deben enfrentarse a los poderes reaccionarios haciendo “gestos” de solidaridad y justicia. Evidentemente será demagogia si tras rechazar espectáculos taurinos o circos con maltrato animal, la perrera municipal es un “Mauthausen animal”.

Bienvenidos sean todos esos “gestos” que no cuestan un duro al ciudadano pero que hacen avanzar a la ciudadanía por la senda de la democracia, de la libertad, de la justicia y del respeto a la naturaleza.

Frente a la monarquía, la república significa un valor democrático superior. Nadie por razón de casta o linaje debe tener la exclusiva de ser el jefe de estado.

Pedro García Bilbao decía en una conferencia republicana en Agora: “Cuando la república llegue, significará que los trabajadores son los que gobiernan en este país”. Entiendo que las repúblicas no garantizan los derechos sociales ni el bienestar per se (Méjico es una república o, más cerca, Portugal), pero en la situación española, la implantación de la republica significará que se ha logrado vencer el entramado reaccionario que hoy sostiene a la monarquía. Precisamente, no es casual que en un ayuntamiento donde la ciudadanía ha vencido a la reacción, se haya realizado el “gesto simbólico” de retirar el busto del rey. República, solidaridad, justicia, derechos laborales, mayor democracia… vendrán de la mano… o no vendrán. Es más, no vendrán. No vendrán si no los traemos.

José Valentín Ramírez

Getafe

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