Hace unos días tuve que estar unas horas en la UCI del hospital. Con una vía puesta, no sé cuántos litros de suero me pusieron. Estaba imposibilitado para leer o manejar el teléfono o el ordenador. Inmóvil, boca arriba analizando el persistente goteo del suero, no me quedó más remedio que pensar.

Entre mis pensamientos, comparé el paralelismo entre medicina y política. Pienso que la política debiera imitar mucho más a la medicina. La medicina es una ciencia que avanza a través de la investigación, mejorando permanentemente los métodos. Es una ciencia que intenta dar, dentro de un cuadro general de conocimientos y protocolos, una respuesta para cada uno de los enfermos que se presentan ante ella. Como la política tiene un cáncer que la perjudicada que son los intereses económicos de las grandes farmacéuticas que muchas veces miran más los intereses de sus accionistas que los intereses de los pacientes. Similar a los fenómenos de corrupción de algunos partidos políticos y similar a las acciones de muchos políticos que olvidándose de los ciudadanos atienden a los requerimientos de las grandes corporaciones financieras e industriales.

Pienso que la política debería imitar mucho más a la medicina en ese aspecto de atender a cada ciudadano según sus necesidades como he dicho que intenta hacer la medicina con los pacientes. En esto claramente la política se queda a la zaga. Se hacen grandes leyes pero no se ve la repercusión final a los ciudadanos y mucho menos, se analizan las necesidades concretas de cada uno de ellos.

Pero también entiendo los límites de la medicina. Junto a mi cama, en las dos que me tenía tanto a izquierda como a derecha había dos pacientes a los que no vi sus rostros pero intenté intuir su edad y circunstancias. En varias ocasiones hicieron notorias muestras de dolor a pesar de los cuidados que, intuyo, el personal sanitario tenía para con ellos. Por mucho que avance la medicina no es capaz de aliviar todos los dolores. Recordé también la nota característica que tienen en urgencias: atender primero quien más lo necesita. Otro aspecto sobre el que reflexione es que cuando hay varias “chapuzas” que hacer no se hacen todas a la vez sino en un determinado orden, hasta que no se ha operado el pulmón, se olvida la rodilla rota.

En la política, a veces olvidamos a los más necesitados, porqué son menos ( y a veces invisibles). ¿imaginamos si en los hospitales se atendieran antes las infecciones intestinales por que son mas (y más fáciles), que a un paciente con la cabeza abierta?. En la política, queremos que se solucione todo y queremos que se solucione ya. Por ejemplo cuando decimos el problema del capitalismo se arregla con el socialismo. Es algo así como decir que hubiera una pastilla que arreglarse de repente y ella sola todos los problemas.

Tanto en la medicina como en la política el factor humano es fundamental. Por muy buenas que sean la normas, por perfectos que sean los protocolos, las personas, la voluntad, la entrega, la falta de interés o el “interés personal”… pueden arruinar el sistema, el político… en la política la corrupción o el clientelismo son algunos síntomas, en la medicina, el pasotismo, el “escaqueo” el despachar enfermos como si de una carrera se tratase.

Finalmente, la medicina a pesar de sus esfuerzos nunca consigue su objetivo final que sería evitar la muerte. A pesar de los muchos avances que ha tenido y que seguramente seguirá teniendo, todos acabaremos en “el sueño eterno”( Humphrey Bogart, Lauren Bacall, 1946). A la política le pasa lo mismo, se le pide una solución total y eso no existe y determinados “sueños” como la URSS y otros socialismos… no han sido eternos … pero eso es otra história…

José Valentín Ramírez

Getafe

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