Los parques de Getafe y otras zonas de Madrid se están poblando de cotorras. Son aves tropicales que no deberían estar por estas zonas, pero aún estos fríos días las vemos revolotear en las desnudas ramas de nuestros árboles. Con ello demuestran el poder de readaptación que muchos animales tienen y su capacidad de supervivencia. Animales y plantas. Hace unos años, el ayuntamiento permitió, o hizo la vista gorda, que una constructora cubriera de desechos de obras parte del parque del Sector Tres. En un paseo matinal pude observar la fuerza de una seta levantando un trozo de rasilla para sacar su cabeza de la tierra. Hoy la fuerza de las lluvias y el viento han cubierto los escombros y una fina capa de hierba y matojos cubren nuevamente el parque. Lo cual no exonera de responsabilidad tan negligente actuación de constructora y Ayuntamiento.

Hay muchos ejemplos parecidos de la fuerza vital de animales y plantas. Pero no estoy tan seguro que el hombre y la civilización que tenemos hoy tenga la misma capacidad de readaptación y pudiera sobrevivir ante cualquier catástrofe ecológica mundial.

Para mí la ecología es una cuestión de “egoísmo”. Cuando defendemos una economía ecológicamente sostenible, cuando defendemos el medio ambiente o al supervivencia de una determinada especies es porque eso es precisamente la condición sine cua non para la supervivencia de la sociedad desarrollada. No digo que no sobrevivieran individuos capaces de afrontar un nuevo cuaternario.

El hombre inventa cada año cientos de cosas útiles para la humanidad: nuevas medicinas, materiales más resistentes, herramientas más eficientes para la construcción o la agricultura. Pero todas esas mejoras pueden verse neutralizadas por un solo invento o evento. Una bomba atómica, el escape de un virus letal de una instalación científico-militar. Todos los avances pueden desaparecer por la acción de una sola persona, o comunidad, por apretar un simple botón que desencadene la catástrofe.

Es por ello la necesidad de que sea la sociedad y no oscuros grupos políticos o económicos los que gobiernen y dirijan el desarrollo humano. Ya hemos visto como banqueros no dudan en exigir que se envíe al paro al miles de personas, que se elimine la atención sanitaria, no les importa que mueran miles de personas de hambre, con tal de incrementar un uno por ciento más sus ya desorbitados beneficios.

Hoy, incluso en la democrática Europa, no gobiernan los pueblos, no gobiernan los griegos, ni los italianos, irlandeses o portugueses. En España, apenas tomado el poder, el PP ha dictado unas medidas ocultadas a la ciudadanía durante el periodo electoral. Con ello no se ha hecho lo que los ciudadanos quieren. No ha legislado para el pueblo, ha legislado contra el pueblo y a favor de un, cada vez más reducido, grupo de individuos que integran el poder industrial y financiero. Y ya sabemos que esa minoría antidemocrática no respeta el medio ambiente, no respeta al ser humano, no respetan la libertad (de los demás). Y deducimos, en consecuencia, donde nos quieren/pueden llevar.

Desgraciadamente, el PSOE ya inició las mismas medidas y gobernó con similares parámetros. Con ello sirve de coartada para que el PP aplique otra vuelta de tuerca con el agravante de una involución mayor en temas sociales. Un ejemplo: tras el argumento de la defensa de la familia, ayudará política y económicamente a las organizaciones más reaccionarias contrarias a los derechos de igualdad de las mujeres, a la educación laica, al respeto a los homosexuales, etc. Eliminará cualquier atisbo de crítica de los medios de comunicación. Ya tenemos cientos de muestras de ello: Desde los contenidos de Tele Madrid o Canal 9 hasta la contratación de organizaciones ultra católicas para atender servicios sociales.

Es necesario, por lo tanto, romper con ese círculo vicioso (entiéndase la palabra en su integridad) de PSOE-PP. Es necesario alcanzar una democracia real que garantice los derechos de mayorías y minorías. Donde no tengan sitio en el gobiernos los integrantes de las tramas Gurtel o Campeón. Donde la trama real sea juzgada o tratada con los mismos parámetros que cualquier otra familia española.

Izquierda Unida tiene cuatro años para ofrecer a la ciudadanía una alternativa política y social distinta, autónoma, rigurosa y creíble.

Yo creo que la base política ya las tenemos. Tenemos propuestas sensatas para abordar, al menos inicialmente, los distintos problemas. No tenemos respuesta para todo porque sólo los necios tienen respuesta para todo.

Nuestro reto es interno. Organizarnos democráticamente. ¿Cómo podemos defender las propuestas del 15M y a la vez fijar que nuestras listas tengan que ser completas, bloqueadas y avaladas por determinados porcentajes de los órganos de dirección?. Tenemos que ganar cohesión. Cohesión no es unanimidad. Vuelvo al 15M como ejemplo. Nadie duda que su composición fue y es de lo más heterogéneo; sin embargo, su confluencia en la acción y los métodos hacen que se perciba como algo homogéneo y coherente. En IU la marcha de colectivos como el PDNI, los troskistas, Corriente Roja, etc. no ha servido para que se disipe esa sensación de bronca interna permanente (desgraciadamente real aunque interesadamente magnificada). Y lo que es peor, bronca no en torno a temas políticos sino en torno a camarillas más o menos estables (“hoy soy tu aliado, mañana, no sé”, “estás conmigo o contra mi”).

Una vez que esto esté resuelto, y seamos modelo democrático, y ejemplo de homogeneidad en la diversidad, una vez que hablemos de política y no de apellidos, estaremos preparados para el gran reto. Si no, otros, UP&D, EQUO, etc .. pasarán por encima de nuestros estertores.

Pero aún estamos a tiempo.

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